Mi padre juega a los naipes
fuma marihuana
Mientras leo el apocalipsis.
Es sólo la constancia de una poética franca y anécdotica de experiencia existencial. Marca la vida de la poesía y su creador, van de la mano en este mundo de observación permanente que fluye en el parir de un poema. Con el esfuerzo del dolor y el sufrimiento de la palabra. El poetastro te invita a su mundo poético de magia e inspiración.
¿ Puedo aspirar a la plenitud en la necesidad del placer?
Siento miedo a tu voz negativa,
a tus palabras ilusorias que deprimen, a lo enfermizo de la existencia.
Esperó la pregunta, los labios y tu boca. Comparo el vuelo del ave en los senderos de la tranquilidad.
Respuesta encontrada en la utopía,
en los ramajes eróticos.
Alma incógnita en la respuesta del amanecer.
Un cuerpo tensionado en el pensamiento de una vida,
días imperfectos por el hombre.
Abril 9 de 1984.
Es abril y el silencio desboca tristeza
y se lleva la nostalgia de infinitos domingos.
Las antiguas raíces se pudren y retoñan en la sonrisa del hombre andante.
Ha cesado la lluvia; una vez más,
la violencia rompe la conciencia.
Se enmudece el canto del meriño
en la estepa de los miedos.
¿Que haces en la terraza de tus sueños desnuda en los lamentos de la noche?
Piel excitante en el olvido del sacrificio.
Frente a los ojos de los amantes copulan en las estrellas fantásticas.
Amores sin sin fin en tu boca de niña. Yo en lejanos viajes maldigo la divinidad con el vino de la adicción.
En el camino del sano juicio pródigo mi flaqueza de amores furtivos.
Este inventario en la multiplicidad de los defectos claman mi derrota en el silencio.
Mientras los olores de rosas innatas, deja cantar el canario de tu infancia.
Hoy vuelvo a luchar con la distancia allí cerquita de la inocencia.
Tu pubis lo miro en la ceiba hacia
Oxford.
Bajo por los senderos ahí los manantiales
recorren la loma de piedra se precipitan
por los cauces del zapote de la estación del
tren del lago. y las grandes vegetaciones de árboles chocan los pajarillos en
sus ramas caen enloquecidos cantando raros sonidos de ultratumbas de mujeres de
tetas
Fracturada por el coito. Bajo y subo
luego bajo y subo hacia Tara otra encantadora estación de charcos de lluvias sombrías y
mi alma mastica el cascajo de implacables juegos perímetros de violentos egoísmos.
Más allá al frente el monte Sión, y más allá la ciudad histórica, la curva el Curubito los ojos azules de las ramas de colibrí, los grandes ojos
negros de la parte humana, marca la puerta a la fantasía
de octogenarios acontecimientos , un llanto súbito da congoja en el estomago; pasos
hacia la ciudad Oxford, el país checo, la finita Asia dominada por la China de
campesinos donde esta la estación de la quinta avenida de los jerogrificos de
vino y borracheras desnuda por el sol.
No te cubras los ojos siempre de
rodillas amaras el génesis el poema de la parada del autobús, no llores en este
colchon
de orín. Te escucho la perorata de
los cuchillos de la mafia, bajo el espejo de miles de caras.
Para que el arrepentimiento vuelve
al espejo te ves hermosa allí el árbol de ceiba la luz artificial de los
electricistas
cilindrados de erotismos no te parálisis
sigue con el corte de energía ya llegan los policía la nueva fiesta del vecino
no te cubras el rosro deja que tu padre falsifique su biblia (éxodo,
capitulo 1, versículo 1), parado el pechón de Bilbao y su cantaleta del
matrimonio. Bueno estamos llegando a la estación del tren cuyos recuerdos deja por
los tabacos de tu marido la infidelidad del tiempo. Castido vestido cubre tu
piel de tierra . Déjate llevar por los poemas de las colinas que crezca y la huida
del pacto, la popa y desmonta sus alas hacia Oxford.
Vence tu lengua la palpita creencia
la luna del vientre el ermitaño juego de inmanejable existencia el camino otra vez
hacia la virgencita. Deja un rezo y subo trotando por
los andenes , gentes de tapabocas de la muerte y la resurrección.
.
Todo brilla en tu aposento.
Eso que te hace extinguible en una cama fusionada para el coito y la ternura.
Ahora te baja por la cuerda floja.
Mientras regresa en el vacío del infierno.
Indolente maulla cómo gata, moribundo espíritu del cielo y trece gritos cósmicos en la certeza del aliento eterno.
Todavía queda la pronta despedida en el terminal la prostitución ronda en los moteles.
En un beso en tu pubis. Un valle de voluntades reciprocas en tu boca.
Manantial de los inviernos que se posan en las caderas aquella caricia cumbre del orgasmo.
Invernal amor,
infringe en el pecado la vespertina señal imperativa de la piel de los montes citadinos.
El viajero vence los obstáculos de la conciencia. Va por ahí implosiva miel.
Ya no se que hacer.