Correr por las calles polvorienta del barrio. Unos pantalones corto una cabuya de amarre sostenía su prodigioso vestuario por aquella época mi primo el Totti vislumbraba como un animalito libre saltando llevando toda clase de chechere y mi abuela rígida con el manduco golpean las costillas por sus travesuras y volvíamos llorar porque triste se iba para la otra calle y quién se quedaba en este corredor con la perra a cuidarla la tienda de la tía Carmen, sí entre juguetes prestados por cachaco Ortega pasábamos el día comiendo la lechera robada en el armario.
Es sólo la constancia de una poética franca y anécdotica de experiencia existencial. Marca la vida de la poesía y su creador, van de la mano en este mundo de observación permanente que fluye en el parir de un poema. Con el esfuerzo del dolor y el sufrimiento de la palabra. El poetastro te invita a su mundo poético de magia e inspiración.
viernes, 15 de diciembre de 2017
Correr por las calles polvorienta del barrio. Unos pantalones corto una cabuya de amarre sostenía su prodigioso vestuario por aquella época mi primo el Totti vislumbraba como un animalito libre saltando llevando toda clase de chechere y mi abuela rígida con el manduco golpean las costillas por sus travesuras y volvíamos llorar porque triste se iba para la otra calle y quién se quedaba en este corredor con la perra a cuidarla la tienda de la tía Carmen, sí entre juguetes prestados por cachaco Ortega pasábamos el día comiendo la lechera robada en el armario.
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