Entran a la carnicería los observo y me miran con la vergüenza de saciar un día más en la calle el hambre.
Se cagan en el corredor donde el excremento es símbolo de protesta.
Me ladran y ven en mi otro intruso que los acusan de sus pestilencias.
No son raquíticos o burgueses echados de menos en la escala afligida la sociedad.
Son la plebe que exige alimento en los expendios de los tugurios y suburbios de la nación.
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