Insomnios, voraces pesadillas en el hueco de la conciencia.
Los mediocres hábitos se rompen en los platos, ruedan por el fregadero.
Rutinas al filo del suicidio, el ritual de los hombres llega a casa. Luz infinita donde los dioses invitan a deleitar un poema contra el viento. Seres desnudos van por el limbo de la perversidad. Allí podrían acercarse a la hipocondríaca creación.
Solamente en los árboles una luz nos da el aviso que se está formando la clorofila de la procreación del planeta.
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